El rostro
pesa.
Los
parpados se desmayan pesados
sobre las
mejillas.
Envejecen
de cansancio.
Se imprimen sucesivos fotogramas
Sobre las
retinas.
Se
refractan sensaciones
Absurdas e
inmensas
Pequeñas y
afiebradas.
Se
proyectan.
Transcurren
las horas solitarias
En un
lamento cadavérico.
Ocurre un
Silencio.
Génesis de
un espacio inmaterial.
Caminan las
intenciones desnudas
Larga y
tediosamente
Hacia quien
sabe dónde,
Aquella dimensión
inalcanzable,
Donde se
intuyen los futuros recuerdos,
Y las ánimas
se anticipan al pasado.
Una
suavidad, absurda y eterna,
Se viste de
particular,
Y una voz
que quiebra el silencio
Estremece con
su llamada.
Las luces
fuertes, ahora tenues,
Son las que
luego se apagan,
Debilitadamente.
Un eléctrico
sopor
Que sencillamente
sucede.
Una morada
que se añora.
Un
sentimiento que no espera.
Una caricia
que adormece,
Dos ojos
que cierran.
Y una sola
mirada que encuentra
En su fantástico
fuero imaginario
La forma de
volver a casa.
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