El cielo se
parte en un grito,
En un
llanto de niño
Que sonríe en
silencio.
Las
palabras que se ocultan
Y que se
cambian,
Hieren sus
fibras inmateriales
Y dañas sus
ojos del para siempre.
Los días vividos
en desgracia,
Van vistiendo
las capas infestadas
De dolores
que se anuncian
En el
brillo de la mirada perversa.
Detrás de ese cielo,
hay otro...
donde no quedan nubes celestes,
ni cielos blancos.
Donde los arboles con protegen las casas,
ni las afluencias del río
arrastran aquello que no ha de ser rebelado.
No grites ni llores pequeño,
que lejos estas de la morada blanca.
Reserva en tu mente,
un espacio vacío,
la vacante inmaterial
para acercarte a tu reino.
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