Muñeca


Fuera brama un frio
Que congela los cristales.
Te veo con tus ojos de cielo,
Extraviados en el silencio.

Vacilantes, tus labios pequeños
Y finamente agrietados,
Me sonríen, equivocados de tristeza.

Tu tez de mil duraznos,
Se sonrosa hasta las lágrimas.
Y esas lagrimas saladas,
Lavan la dulzura opaca de tus mejillas.

Cuanto daría, niña,
Por regalarte ese abrazo tosco y tierno.
Cuantas veces te regalaría
Un juego más con él.

Cuantas noches,
Abrazaría tu dolor en silencio
Y me llevaría a mi cama tu angustia,
Para devolverte una sonrisa por la mañana.

Cuantas cosas te daría,
Para llenar ese vacío.
Para romper con tus silencios,
Y que vibres blanca,
En tu corazón impoluto de errores.

Te amo,
Con una fuerza que me atraviesa el vientre
Y se me escurre entre las manos.
Te amo en tus sonrisas,
Y aún más en tus silencios.

Y aún más te amo
Cuando con lágrimas celestes,
Me muestra, vulnerable,
Los flancos filosos,
De la vida amante.



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