Siempre lo supiste. A la luz de la penumbra o en lo oculto de las
sombras, siempre supiste la verdad acerca de la verdad.
Siempre han sido oídos sordos a mis palabras calladas y fiel lector de
todas mis confesiones. Todas ellas han quedado retratadas en tu memoria., sin
sucumbir al fuego enlatado del olvido represivo.
Siempre primera y siempre última. Narrador y lector, escritor y
protagonista, habrás conformado para el final de tus del Pentateuco a los
Libros Apócrifos de todos tus males y memorias.
Siempre te he escrito porque tu eres el Testigo, y desde algún rincón
de tu cansada inconsciencia me dictas los detalles que ignoro negligente y muy a
tu pesar. Porque tu lo recuerdas todo y hechas luz silenciosa sobre aquellos
bosques de sombras.
Te escribo, brazo ejecutor de todas mis memorias, para que acuses el
grito y envíes los recuerdos a mi busca.
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