Un torturado esquema espinal se retuerce en su quietud. Los postigos se encuentran cerrados, si es que donde se esta, aùn existen tales postigos. La oscuridad no es gris, ni siquiera es oscura. Es oscuridad que se despliega como inmensidad inconmensurable, como la reiteración enfermiza de los espacios cerrados que se olvidaron de la luz.
Algo así es lo que
sucede cuando se han despertados los ojos velados. No se ve, no se
siente, no se escucha. El paladar reniega furioso, puesto que no hay sabores
con que puedan deleitarse. Solo una pastosa resequedad que se repite. No hay
otra memoria.
Las muñecas
laceradas. La de los estantes que ya no se ven, y las que anteceden a las
manos. La sangre fluye, si, también pastosa. Pero ya no trae recuerdos. Se
derrama como un vaso que estalló en silencio. Desde las heridas, por las manos,
apoyada bajo la cintura, acariciando palmo a palmo la total extensión de las
piernas desde la cadera. dibujando mandalas en el suelo, arruinado por la
humedad.
Los pies descalzos, caminan temerosos sobre un piso que ni siquiera,
puede sentirse frio. En esta habitación no hay colores. Las rodillas, ya
inflexibles, rechinan como las maderas que pisan, a cada paso.
Hay espacio, pero aun asi no hay movimiento. La quietud es una perversión
que se apodera de las mociones. Es una realidad consensuada. Es un deseo forzado.
Es la optimización de ciertas carnes putrefactas, que una vez alimentarian,
pero que hoy solo enferman.
Este cuarto solo veo la luna que yo sueño, parecida a la recuerdo,
distinta de la que alguna noche fue tras esa ventana, que siento que quizás esté
ahí, pero que ya no veo.
Doy con las esquinas alabeadas, de esos pensamientos que se proyectan
como una ínfima refracción sobre las particulas que me acompañan entre estas
sombras. Dentro y fuera no hay sentimientos, solo colisiones.
Aquí no se concibe la luz.
Aquí, así las cosas funcionan.
Aqui, las cosas sólo funcionan.
En la profundidad de un rincon mensurado de la conciencia, me envuelvo
entera y eterna, y me sumo en una profundidad, en todas, en ninguna, en
cualquiera. Quizás en esa a la que recuerdo, se acude en la noche cuando el
sopor golpea. Y como soy parte de esas sombras, ya no me encuentran. Aun así,
mi cuerpo da cuenta, que no soy del color de las cosas de aqui, donde solo las
cosas funcionan.
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