El barrido no era
una de sus más profundas pasiones. Lo hacía porque lo tenía que hacer. Porque
el polvo y a mugre diaria amenazaban con cambiar el color naturales de las
cosas de su apartamento.
No limpiaba todos
los días las cosas, a pesar de ser un momento pretexto para reflexionar acerca
de las cosas importantes de su vida. Y era un tipo de mucho reflexionar. Andaba
siempre pensando qué cosas podría mejorar, y el porqué de otras que le
molestaban. Desde hacía mucho tiempo, que solo pensaba para existir. Y existía
con muchas ganas, con mucha fuerza. Joaquín, había pensado hasta cambiar su
nombre por algún otro que lo tratara como un significante auténtico.
Entre sus
reflexiones, aparecían conclusiones, deseos y ambiciones. A su vez, entre sus
ambiciones más recurrentes se veía a si mismo abrazado a una hermosa mujer, que
con manos pulcrísimas le reconfortaba completamente.
Esa mujer, no era
cualquier mujer, era un momento de su historia y una forma en que se tornaba
por amor que solo una vez había conocido. Basto solo aquella vez para marcarlo.
Para abrir en el una herida seca que le llevaría a caminar en busca no de ella,
sino de aquella que le devolviera aquello que se le habría quitado, vaya a ser
uno porque tonto desengaño. (…)
0 comentarios:
Publicar un comentario