¿Hacia dónde caminas,
Tan erguida, lacerada,
Hacia donde es que caminas?
¿Hacia dónde?
¿Es que no me encuentras, desesperado,
Respirando de tus sombras,
Recogiendo tus hojas muertas,
Y todas aquellas sonrisas marchitas?
¿Es que acaso no recuerdas,
Que de la negrura profunda de estos ojos,
Ha salido todo consuelo?
Estas sabanas reclaman, les expliques,
Porque las revuelves convulsa,
Y te agitas corriendo hacia la ventana.
Cada noche.
Suéltate de esas, tu manos,
Que te envenenan los pensamientos,
Abandona los vacíos en los que pierdes la vista
Cuando vuelvo mi rostro.
No camines, si caminar a ese paso pretendes.
No me esperes entre los nudos del cabello
Cuando necesites que aliente tus alboradas.
Cálzate de asfalto desde los pies
Hasta las raíces de tu cabello,
Y camina con certeza, que allí ES seguro.
Pero aguarda, detente,
Solo camina sobre el pavimento,
Detén tu marcha,
No ilusiones mi dolor con tu partida.
Aléjate de la brisa mórbida,
No me finjas que te envuelve.
Si no te quieres desnuda,
Vístete con tu ropa de siempre,
Con cada prenda de TU siempre.
Como sea, no abandones esto,
Elige una porción de ti misma,
De todas, la que más te guste,
Y vive con ella a cuestas,
Y vive conmigo y con ella.
Veras que las ilusiones, mueren solas,
Como serpientes elegantes,
Y desgarradoras.
No castigues al pavimento con tu sangre,
Puesto que solo es tu historia
La que será borrada.
Abandónate, pero no así.
VEN y abandónate.
Camina, despierta.
Por favor, respira.
No quiero creer que es aquella,
Tal como yace sobre el pavimento
Tu figura, muerta.
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