Rechinan
las maderas que flotan sobre el suelo, alimentan sus curvas un peso muerto en
movimiento.
Las
guardas se suceden pausadamente una a una, en una continuidad asimétrica. Al
ras de un ojo, o dos, que parecen notarlas.
El umbral.
La puerta. Un pasillo La luz de la mañana que atraviesa una gotera. Todo continúa en un franco silencio.
En algún
momento de la alborada, la noche habrá partido, y se habrá llevado consigo, una
pesada manta de recuerdos. Un fino juego de sombras. Un vendaval apasionado de
historias descoloridas. Y habrá aliviado la carga de vivir cada recuerdo.
En esta
casa no hay cortinas, porque en ellas se translucen las ilusiones. Ahora, pertenezco aquí. Hay luz, hay agua. Y
lo demás, no hay.
Tan exacto
como la carencia.
Aun recuerdo
cuando la luz tenia colores, el agua sabores y todo lo demás, textura. Cuando no eran los pasillos sino yo, quien se movía, y la noche solo llevaba la rastra del día viejo.
Como una
ráfaga, como un cuento, como defecto visual, aun recuerdo. Mi corazón latente, la música enardecida, los
colores encendidos: La Vida.
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