Yo
conoci a la ultima pareja de viejictos que compartia religiosamente todas las
tardes en el umbral de su puerta, con mates de un termo que no se terminaba nunca.
Tenian un perro salchica y un perro batata. Viejitos como ellos, pero los mas
lindos de toda la cuadra, sisi, mucho mas lindo que el dalmata de película que
tenian siempre tras las rejas los vecinos inmediato de estos abuelitos; o el
cocker de la "Señora del Cocker" que era super jugueton y hacia
reunión de consorcio con el batata, el salchicha y "Toro" un perro
callejero que una chica decia que era suyo pero yo no le creia, porque en
realidad "Toro" era de Lugano, y estaba por todos lados y por ninguno
donde lo buscases. El iba y venia cuando queria, aparecia y desaparecia, un
perro libre, el adulto de la cuadra.
En
esa epoca nosotras andabamos en bicileta de punta a punta de la cuadra, y
cuando fuimos "grandes" podiamos dar la vuelta manzana pasando por
Fonrounge... y el maravilloso pasaje Horacio Casco... que venia con bajadas para auto de todos los
tamaños e inclinaciones y unas loma s de burro que eran parte obligada del
desafio.
La
calle Pola era peligrosa porque pasaban muchos autos.... a Zuviria le pasaba lo
mismo, mucho comercio y movimiento, Miralla era peligrosa solo por estar en la
parte "de atras" de la manzana de nuestra casa (clarlamente,
nosotras, sobre Pola, estábamos en la parte de adelante de esa manzana). Pero
el pasaje Casco tenia algo especial, por ser pasaje, no pasaban muchos autos;
por tener lomas de burro, los que pasaban lo hacian lento; sus veredas bien
angostas no te dejaban otra alternativa que ir al asfalto, esa era la calle
adecuada para hacerse la "grande" ir por la calle, y pedalear a mas
velocidad.
Como
ya la inseguridad era tema frecuente en lo noticieros, mamá no iba a esperar el
comentario de la chusma del barrio para preocuparse: desde que empezamos a dar
la vuelta a la manzana teniamos que pasar y tocar "dos timbrazos" por
cada vuelta.. y que NO te fueras a olvidar... para la siguiente vuelta te
estaba esperando en la puerta con los guantes de ule naranja, y el delantar con
pechero en tono ladrillo medio gastado por los años y la dedicacion a las
tareas del hogar. Infaltable su colita de pelo a la mitad de la cabeza.
"Les dije que me tocaran timbre, solo un timbrecito, asi no me preocupo y
uds pueden seguir dando vueltas diez minutos mas, que se va a hacer
tarde".
Un
dia los perros no estuvieron mas en la vereda, y los abuelitos no sacaron mas
su silla, su mate y su termo eterno. Otro dia note que los postigos de la
puerta hacia mucho que no se abrían, y aun mirando por la cerradura de ese
porton marron de tres cuerpos con postigos de vidrio ciego, creo que color
amarillo, no podia notar que hubiera habido ningun tipo de movimiento alli.
Hasta que un dia como cualquiera, quizas volviendo del colegio, me di cuenta
que habian puesto esas paredes-cartel que se ponen cuando algo esta en
construcción. Estaban remodelando.
En
esa casa se hizo un novedoso edifico bajito de cuatro departamentos, tardaron
años en terminarlos, tanto que tarde mucho tiempo en recordar como era la
fachada de la casa antes de los carteles-pared. Años despues de que no hubiera
mas batata, salchicha ni abuelos, asumi que entonces, todos ellos se deberian
haber ido extinguiendo del barrio. Uno detras de otro, me imagina cada
desprendimiento con melancolia. Primero los perros, uno a uno, empezando a marcar
el vacio que dejan los años cuando ya terminaron de pasar y es la hora, luego,
alguno de los dos abuelos enfermando de esa tristeza que dan las horas
viejas, y el otro, llendo tras el por
pura melancolía.... Todo el hogar mudado a otro barrio, lejos de la tierra,
quizas un Cielo en el que creyeran..... ¿para que esperar mas?. Y no me di
cuenta.
El
edificio que hicieron "encima de ellos" se veia hermoso, eran
departamentos para alquiler, se los veia nuevos, paquetos, comodos, tenian
lindos balcones y tenian suerte porque lugano, y sobre todo esa cuadra de la
calle Pola al 2900 cuentan con la mejor luz de la mañana. Porque obviamente,
nosotras las de Pola recibiamos el mejor rayo que sacaba el sol... estabamos de
frente al amanecer. Lugano sigue siendo ese barrio de casa bajas donde el sol
te entra por cada ventana, donde el verano es bien verano, y no tenes mas que
subir a una terraza para sentir la copa de los arboles a metros, ver como un
panoptico la vida de los vecinos y sus techos, y sentir que estas a un paso del
cielo y del Sol....Cuando amanece y cuando se pone. Cuando miraba a los
inquilinos nuevos, pensaba que no sabrian que su presencia marcaba el cambio de
una era en la cuadra que parecia mas citadina y menos barrial.
Con
los abuelitos desaparecio en un tiempo que es indeterminado para mi, una
generacion de bicicletas y triciclos que convivian en una misma cuadra a las
cuatro de la tarde... de saludos a la distancia con los chicos de la otra
cuadra que solo por estar del otro lado de la calle, los sentiamos como de otro
continente; de las calles que se podian cruzar (Horacio Casco y Zuviria) y de
las que no (Pola en sentido a Miralla), de la aventura del mapa de la tierra
mas alla de la frontera (Fonrounge), de decirle al Negro, muchos años antes de
que se le muriera Marta - la señora- y que se llevara con ella todas las ganas
de vivir del viejo almacenero, que decia mi mama si nos podia mirar para cruzar
(y ella ya nos esperaba en la otra esquina, aunque nos hubiera dado el llavero
con el corazon de chapa dorado para entrar solas, ¡pero que va´....!); de las
idas al colegio silenciosa, esas de antes de que llegaran las mochilas con
carrito que hacian un ruido ensordecedor a las siete de la mañana y que le
rompian los bordes de las escaleras a Lita en la escuela; de salir hacinedo
ruido con los "tacos" a la iglesia los domingos a las 09.00 de la
mañana con vestidos y sandalias cuando todavia no llevabamos en la cartera un
Himnario propio de la Iglesia
porque eramos chicas; de la vida como la conciamos.
Internamente
preferi pensar que todos los que mueren en Lugano, se quedan en Lugano, y que
entonces Lugano sigue siendo el barrio que yo conocí, con los mismos triciclos
y bicis, con el batata, el salchica y los dos abuelos, con el mio que se le sumo
hace ya mucho tiempo para mi a esa sepia postal de barrio que todavia no puedo
retratar tan fielmente como quisiera. Ese barrio, son todas esos pequeños
guardianes que nos fueron cuidando el juego cuando niños y que ahora cuidan el
barrio para que no se pierdan sus recuerdos. Y yo quizas sigo jugando como
siempre, sabiendo que estan ellos, con mi hermana, en mi cuadra, ahi.
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